El ex número uno del mundo, Boris Becker, compartió su perspectiva sobre las complejas consecuencias de su histórica victoria en Wimbledon en 1985. A pesar del triunfo sin precedentes a los 17 años, Becker confesó que esa temprana gloria fue más una carga que una ventaja, calificándola de «anormal» para el mundo del tenis.
«Ganar Wimbledon a los 17 años no me ayudó, porque en el mundo del tenis eso no es normal. Perdí el control cuando un país entero invadió mi vida. Perdí el control sobre mi propia vida. Fui juzgado por todas mis acciones y, en retrospectiva, creo que hice lo correcto al detenerme a los 25 años. Para mí fue demasiado, quería ser normal.»
El tenista explicó que sintió cómo perdió el control de su vida cuando la atención de toda una nación «invadió» su esfera personal. Cada una de sus acciones era constantemente juzgada, y, en retrospectiva, considera que su decisión de retirarse a los 25 años fue acertada, ya que la presión era «demasiada» y anhelaba una vida común.
Además de la intrusión pública, Becker mencionó el agotamiento físico y mental provocado por un calendario intensivo, disputando hasta 75 partidos por temporada. Subrayó la inmensa presión de defender el título de Wimbledon, recordando lo difícil que fue regresar a los 18 años y escuchar constantemente las dudas sobre su capacidad para repetir el éxito.
La defensa del título era extenuante, ya que se enfrentaba tanto a la presión externa como a sus propias expectativas. Concluyó que toda esta situación lo llevó a un profundo sentimiento de soledad, ya que tenía que lidiar con todo ello «solo», según compartió en el podcast High Performance.

