Virtus Bolonia atraviesa un período complicado. La afición muestra su descontento por la destitución del entrenador Dusko Ivanovic, y el número de abonados del club sigue en descenso. A esto se suman serias dificultades económicas: el presupuesto de los Bianconeri es actualmente el segundo más bajo de la Euroliga y, en caso de que Villeurbanne abandone la competición el próximo año, los italianos se verían en la última posición.
La salida de Dusko Ivanovic, quien fue reemplazado por el italo-serbio Nenad Jakovljevic, se interpreta como un «conflicto generacional». Este patrón no es aislado, siendo el tercer caso de este tipo en la Euroliga esta temporada, después de situaciones similares con Ettore Messina en Milán y Željko Obradovic en Belgrado. Aunque las razones y dinámicas difieren, el mensaje es claro: el largo ciclo de los grandes entrenadores que marcaron las décadas de 1990 y 2000 está llegando a su fin. Virtus busca ahora estabilidad para un grupo inmaduro, poco inclinado a aceptar métodos inflexibles, que fueron efectivos hasta que el equipo entró en una crisis de rechazo.
El club teme perder este verano a varios jugadores fundamentales, como el base Carsen Edwards. Además del interés de los clubes europeos más importantes, la situación financiera de Virtus podría complicar aún más la tarea de retenerlo. Algunas fuentes sugieren que el Milan está entre los clubes interesados en Edwards y dispuesto a pagar un alto precio. También se especula que las tensiones entre Edwards e Ivanovic fueron una de las principales causas de la destitución del respetado entrenador montenegrino.
Existe también la preocupación de que el argentino Luca Vildoza busque un nuevo club para relanzar su carrera, ya que su llegada estuvo en gran parte ligada a la presencia de Ivanovic. Asimismo, la situación del alero Alen Smailagic es incierta. Aunque está bajo contrato para la próxima temporada, el pívot serbio no ha tenido el rendimiento esperado, lo que genera dudas sobre su continuidad en el equipo de Bolonia.

