
El tope salarial (salary cap) de la WNBA experimentará un aumento significativo en los próximos años. Para 2026, se proyecta que alcanzará los 7 millones de dólares, un incremento drástico en comparación con los 1.5 millones de 2025. El salario máximo para una jugadora (supermax) pasará de $249,244 en 2025 a unos impresionantes $1.4 millones en 2026, lo que representa una multiplicación de 5.6 veces. El salario promedio también se incrementará notablemente, de aproximadamente $120,000 en 2025 a $583,000 en 2026. En cuanto al salario mínimo, se estructurará en cinco niveles según los años de servicio, oscilando entre $270,000 y $300,000, muy por encima de los $66,079 de 2025.
Caitlin Clark, la superestrella de Indiana Fever y la Novata del Año 2024, es un claro ejemplo de esta progresión salarial. Después de percibir $78,066 en 2025, se proyecta que su salario aumentará a $530,000 en 2026. Como exjugadora All-WNBA, podría alcanzar el salario máximo de $1.3 millones en 2027. Finalmente, un contrato supermax podría reportarle hasta $1.7 millones de dólares en 2028, consolidando su posición como una de las mejor pagadas de la liga.
Las negociaciones del nuevo convenio colectivo también pusieron en relieve el tema del alojamiento para las jugadoras. Aunque los equipos han proporcionado tradicionalmente alojamiento desde el primer convenio colectivo de la WNBA en 1999, la liga no había incluido inicialmente esta disposición en sus propuestas. Finalmente, se llegó a un acuerdo: todas las jugadoras recibirán alojamiento durante los primeros tres años del nuevo convenio. Posteriormente, este derecho se reservará a las jugadoras que ganen $500,000 o menos en 2029 y 2030. Después de 2030, solo se cubrirá el alojamiento de las jugadoras en desarrollo, redefiniendo las condiciones de vida para muchas atletas de la WNBA.

