La WNBA ha acelerado su crecimiento durante el receso de temporada, con la incorporación de dos nuevas franquicias y un notable aumento de los salarios gracias a la nueva convención colectiva.
«En general, es algo muy positivo», comenta Rachid Méziane en La Voix du Nord. «Refleja el crecimiento de la liga, que está cambiando de dimensión en términos de mercado, visibilidad e ingresos. También ofrece más oportunidades a las jugadoras para fichar por un club, lo que significa menos talento desperdiciado. Esta expansión también redistribuye un poco las cartas cada año, ya que las nuevas franquicias tienen derecho a reclutar una jugadora de cada equipo contrario para formar su propio roster. Además, aportará otros estilos de juego con nuevos entrenadores, algunos de ellos provenientes de la NBA.»
Sin embargo, el reverso de la moneda es el empobrecimiento de las ligas europeas y de la Euroleague.
«De hecho, hay menos jugadoras en el mercado europeo debido a la creación de estas franquicias, sin contar el sistema de ‘jugadoras de desarrollo’. Además de su plantilla limitada a 12 jugadoras, cada franquicia puede contar con dos jugadoras adicionales, una especie de compañeras de entrenamiento que tienen derecho a disputar doce partidos cada una por temporada. Esto supone una doble pena para Europa, ya que, por el contrario, esta mayor apertura hacia la WNBA envía a más jugadoras a Estados Unidos… que no temen reclutar a jóvenes talentos franceses.»
